Desde que me acuerdo he dado sexo a cambio de amor. Alguna vez hice el amor con sexo. No me gustó. Se me apareció mi madre con el pecho seco, quedándome insuficiente su leche. Quise mamar de los pezones del amor hasta arrancárselos. Me quedé con hambre. Volvió la imagen de mi padre que conocí encerrado en un portarretratos, siempre con la misma camisa de bolas negras y corbata a rayas. Me revolvió. El amor no es para mí. No me gustan los actos puros, no me los creo, están compuestos de moléculas bondadosas que me obligan a mirar mis carencias. El amor me despelleja, descerebra mis ideas, debilita mi estómago encosquillado, por eso ya casi ni me acuerdo de su último latido. Me he convertido en instinto, pulsión carnal, hambre voraz, deseo insatisfecho.
Tengo el pelo pegado a la cara. Lloro. Soy como un perro enterrando un despojo para asegurarse el último bocado. Siento por la espalda el fantasmal abrazo, helado y desnudo de mi madre. Mi padre enmarcado se ríe de mí. No me sirve la gabardina, tengo fríos los huesos. Ese ataúd tiene mi corazón muerto entre cojines blancos.
Miro el reloj. Tengo ganas de ir a casa, me limpio la cara con la manga negra y veo las marcas brillantes de fluidos mezclados. Casi no respiro, no quiero sentir, creo que si hiciera un suspiro profundo me vendrían de golpe todos los llantos guardados. Hecho hacia atrás un mechón de pelo largo y rubio, lo aliso. Empiezo a andar despacio, los tacones se me clavan en el pasto bien cuidado del cementerio, me cuesta trabajo caminar. Estoy rodeada de criptas, leo sin mucho interés los apellidos de familias enteras enterradas, voy regresando al mundo. Me agarro a mi reflejo en los ventanales, tapo mis ojos con lentes oscuros. No hay sol, las gafas me separan del mundo de muertos que me rodea.
Abro la puerta y entro con mis fantasmas aún tibios. Recuerdos, añoranzas, nostalgias que no terminan de enfriarse entran conmigo. El, enciende la luz. Es Martes, olvidé por completo que hoy es martes. Hace tres meses que viene a casa un día por semana, me pidió una llave, no sé porque se la di, supongo que me gusta su silencio, no parece darse cuenta de algo más que de mi cuerpo. A veces lo descubro mirándome y revolviéndose el pelo castaño con aire confundido. No pregunta. Está metido en la cama, y me mira sin hablar, el silencio empieza a pesar en la habitación, suelto la bolsa sobre la mesa que esta junto a la puerta, recargo la espalda y miro desde ahí la imagen muda. Parece una estampa, escena congelada en pausa, sin volumen, la luz ilumina su cara y su torso desnudo.
Se bien a que ha venido. Me gusta el sexo sin complicaciones, apegado a la piel y nada más, no quiero ni saber el nombre de esa cara, me imagino un personaje en blanco, sin historia. Mis amantes han sido bautizados en mi cama, se llaman Lunes , Martes, Miércoles….también he tenido a Marzo, Abril, Mayo… Desde que me acuerdo se me va la ropa fácil. Los besos me dejan la lengua rota. Me gustan las miradas con deseo. Meter la mano dentro de pantalones. No me lío con dramas ni mierdas. Mamá y papá descansan en paz.
Extiende el brazo hacia adelante, y en voz baja casi adivino la palabra en sus labios
-acércate-
Sin ganas, obedezco
-Te he visto en el cementerio, llevo tres días siguiéndote, quiero saber quién eres. Estoy cansado de coger con un fantasma.
No le contesto, desabotono la gabardina y cae a un lado de la cama, me saco la blusa y la falda. Me quedo sin ropa. Es martes. El no me mira. Sale de las sábanas y empieza a vestirse, camina hacia la puerta y yo lo veo como un niño pequeño de la mano de su madre gorda. Me meto en la cama tibia, mañana será otro día, será Miércoles.
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