Este es un loco laboratorio de distorsión, imagenes gordas e historias perdidas. Experimentos con la figura humana donde la realidad es un sueño
martes, 17 de noviembre de 2009
martes, 13 de octubre de 2009
lunes, 12 de octubre de 2009
El Abrigo
No puedo escribir sobre mí misma, porque no soy capaz: Ni siquiera tengo una lengua propia. Soy demasiado consciente de que, si lo intentara, el yo acerca del cual escribiría no sería el yo que soy. Y sin embargo me invento sin palabras día a día.
La noche no tenía nada de eso que se ve en grandes los escenarios con ostentosos elementos de tramoya, no había luna, mucho menos estrellas, ni olor a flores de esas que huelen cuando el sol se ha ido. Era una noche como todas en las que volvía a casa cargando una maleta enorme llena de vestuario que utilizaba en los ensayos de la compañía de teatro donde montaba una obra. Cansada de arrastrar ese peso decidí hacer un alto, me senté en una banca del parque, debajo de la farola que emitía una luz a punto de apagarse. Hacía un ruidito de insecto, me imaginé quedar a oscuras que en cualquier momento gracias al Gobierno Municipal.
Aproveché el momento para sacar un cigarrillo, mientras le daba unas fumadas sentí como el viento helado se me colaba entre la ropa , recordé que traía en la maleta un viejo abrigo de lana, sin más empecé a revolver entre las cosas, una peluca rubia cayó al suelo, había un par de zapatos viejos entre un gancho de ropa, el delantal de mucama francesa y las medias caladas negras que cada ensayo cubrían mis piernas. Encontré un sombrero de copa que me puse sin pensar, y luego saque el abrigo, al ponérmelo vi que tenía una mancha blanca de maquillaje en la manga. Agarré el gancho colgándolo de un tornillo saliente de la farola, me quité el abrigo y lo colgué, puse el sombrero encima y volví a la maleta buscando un pequeño cepillo quita polvo. La luz se hizo tenue después de un zumbido mas fuerte.
Metí el brazo por la manga del abrigo y empecé con la otra mano a dar cepilladas. Me di cuenta, sentí que estaba acompañada por ese personaje que se formaba entre sombrero y abrigo. Un ser de aire se movía con el ritmo del viento, empecé a moverme lento, bailábamos.
La manga cobró vida y me rodeó la cintura acercándome a ese pecho de aire, un escalofrío recorrió mi espalda al sentir su mano acariciar mi pelo. Dejé mi cabeza descansar sobre su solapa, sentí ganas de llorar cuando me abrazó suave. El cepillo cayó al suelo y abracé ese espacio.
- Quédate.. dije en voz baja como quien habla al oído
-bzzññ
La noche se quedó totalmente oscura
Cabeza de papel
Hoy te tocan diez minutos
Esta vez ya no tienes más orificios, solo vas a quemarte con tu propia respiración entrecortada.
Tratas de pensar en otra cosa.
Mientras tus dedos juegan con el lápiz que has mordisqueado hasta dejarlo sin goma, como tu mismo, astillado incompleto sin segundas oportunidades. Gotas de sudor mojan tu nuca. Aflojas la corbata, desabrochas un botón, respiras profundo, sueltas el aire. Parece el suspiro cansado de un hombre anciano frente al espejo.
Como cada día desde hace un mes, abres ese cajón del escritorio para sacar la bolsa de papel de estraza y te la colocas en la cabeza.
Hoy es el último día de un programa avanzado en Técnicas de Superación a Miedos Irracionales. Tu jefe te ha regalado el Tomo 56 “ Claustrofobia, sánese usted mismo”.
Treinta personas divididas por mamparas rojas clavadas en su ordenador te comen espacio . El primer día de trabajo corriste con suerte , ocupas un escritorio cerca de la entrada. Tu nombre pegado en la puerta:
Xavier Lexem cubículo 7 delimita tu área de respiro.
Te gusta verte con ese cuerpo de muchacho y cabeza de papel, sin la boca que de pequeño sufrió un beso y te dejó sin aire. Imaginas tus ojos hinchados de miedo en ese espacio con olor a papel que te provocas.
Día a día aumentas el tiempo con la bolsa en la cabeza, sigues las instrucciones: cerrando orificios, desdibujando tu nariz, quitando la sonrisa rectangular. Hoy no tiene mueca, esto te entusiasma.
Ya no aguantas. El papel se pega a tu cara mojada y notas como se acelera tu respiración, jadeas.
Levantas un poco la bolsa para ver el tiempo trascurrido, aun te faltan minutos, aguantas un poco más.
El ruido de la oficina es un murmullo de insectos a lo lejos. Parece que estas bajo el agua, imaginas los pequeños espacios que te rodean. Nombres de tus compañeros, Rubén Salgado cubículo 8. Efrén Montiel cubículo 9... Esperas que solo tengan ojos para sus pantallas. No quieres que lo sepan, que descubran tu cabeza de papel, te ocultas, sobre todo de Lorena.
Lorena García cubículo 13. No la viste enseguida, el olor de su perfume florar a primera hora de la mañana hace que las aletillas de tu nariz vibren pegajosas , fabricas baba espesa, asomas tu lengua saboreándola.
Te sacas la bolsa tragándote el aire que se acerca con olor a Ella.
La ves pasar frente a ti soltándose la coleta y arreglando la correa de su bolso sobre el hombro. Son las seis.
Esta vez no tiras a la basura la prueba final, la última bolsa, cara perfecta de papel sin expresión, está blanda de sudor. Alisándola, le devuelves sus dobleces originales, crees que es más pequeña que ayer. La guardas en el bolsillo de tu chaqueta.
Dejas la oficina. Apuras el paso para entrar con Lorena al elevador, no están solos , un grupo de personas se cuela junto con tu acelerada respiración, el ascensor baja algunos pisos, se detiene, todos salen.
Le sonríes. Ella mira tu cara abriendo los ojos. Desvías la vista hacia el espejo y ves tu rostro brilloso.
Ahora la tienes cerca, llevas días fantaseando con robarle su aliento, succionar el aire de su boca para terminar con tu eterna asfixia. No notas la prisa con la que Ella oprime el botón de planta baja. El elevador da un tirón, se queda parado entre dos pisos. Lorena se pone muy nerviosa, tu tratas de tranquilizarla.
- no te preocupes- le dices, que esto se resuelve. Mírame padezco de claustrofobia y sin embargo he aprendido a dominarme.
Tocas el timbre de alarma. Una chicharra poderosa retumba a lo largo del edificio.
Tu mano tiembla dentro del bolsillo.
Ella se acerca, su perfume te marea, jugo viscoso llena tu boca. El líquido te escurre por la barbilla, tu pulso se acelera tu nuca se moja hinchados los ojos te miras junto a Lorena en el espejo.
Sacas de tu chaqueta la bolsa húmeda y te la enfundas, sabes bien que solo aguantas diez minutos.
sábado, 10 de octubre de 2009
avaricia
Tengo una cuenta bancaria en mi estómago. Depósitos que engullo; recetas que me como con las manos sucias; silencios tragados con mantequilla y azúcar a primera hora del día; imágenes congeladas esperando en el fregadero para poderlas saborear; palabras fermentadas que degluto para no decirlas, monedas de chocolate instaladas en el intestino grueso; alfajores mordisqueados a escondidas, lágrimas de sal gorda que saboreo con la lengua escocida. Rosquillas de humo provocando retortijones. Digestión a plazo fijo. Intereses reinventados en la bolsa abdominal
sábado, 19 de septiembre de 2009
miedo
No hables con extraños. Me interrumpes, en medio de una relación, de esas que son solo- tu y yo-ante el desprecio explícito de un NO. Te siento en un momentos de cambio, parece que está en juego algo más valioso que mi misma. Tiemblo. La pérdida inevitable de un sentimiento que creí eterno y que muere poco a poco. No me entrego. El monstruo de la adaptación a los momentos sin pasión, dejo atrás la intensidad de vivir, colecciono días llenos de nada. Parálisis de ideas , ensimismada en slogans publicitarios y métodos espirituales que llegan a no were. Paranoias de robos, secuestros, vidrios cerrados, seguros abajo mirando a los lados. Agarra fuerte la mano de tu niña. No hables con extraños. Inseguridad de me quiere , no me quiere. Al rato, mañana. Tengo miedo. No salgo de noche. Me convierto en florero frente al televisor, ventana de huracanes grises tragando ciudades. Muertos mientras desayuno. Amenaza de bomba en...
jueves, 17 de septiembre de 2009
¿A dónde van los muertos?
Desde que me acuerdo he dado sexo a cambio de amor. Alguna vez hice el amor con sexo. No me gustó. Se me apareció mi madre con el pecho seco, quedándome insuficiente su leche. Quise mamar de los pezones del amor hasta arrancárselos. Me quedé con hambre. Volvió la imagen de mi padre que conocí encerrado en un portarretratos, siempre con la misma camisa de bolas negras y corbata a rayas. Me revolvió. El amor no es para mí. No me gustan los actos puros, no me los creo, están compuestos de moléculas bondadosas que me obligan a mirar mis carencias. El amor me despelleja, descerebra mis ideas, debilita mi estómago encosquillado, por eso ya casi ni me acuerdo de su último latido. Me he convertido en instinto, pulsión carnal, hambre voraz, deseo insatisfecho.
Tengo el pelo pegado a la cara. Lloro. Soy como un perro enterrando un despojo para asegurarse el último bocado. Siento por la espalda el fantasmal abrazo, helado y desnudo de mi madre. Mi padre enmarcado se ríe de mí. No me sirve la gabardina, tengo fríos los huesos. Ese ataúd tiene mi corazón muerto entre cojines blancos.
Miro el reloj. Tengo ganas de ir a casa, me limpio la cara con la manga negra y veo las marcas brillantes de fluidos mezclados. Casi no respiro, no quiero sentir, creo que si hiciera un suspiro profundo me vendrían de golpe todos los llantos guardados. Hecho hacia atrás un mechón de pelo largo y rubio, lo aliso. Empiezo a andar despacio, los tacones se me clavan en el pasto bien cuidado del cementerio, me cuesta trabajo caminar. Estoy rodeada de criptas, leo sin mucho interés los apellidos de familias enteras enterradas, voy regresando al mundo. Me agarro a mi reflejo en los ventanales, tapo mis ojos con lentes oscuros. No hay sol, las gafas me separan del mundo de muertos que me rodea.
Abro la puerta y entro con mis fantasmas aún tibios. Recuerdos, añoranzas, nostalgias que no terminan de enfriarse entran conmigo. El, enciende la luz. Es Martes, olvidé por completo que hoy es martes. Hace tres meses que viene a casa un día por semana, me pidió una llave, no sé porque se la di, supongo que me gusta su silencio, no parece darse cuenta de algo más que de mi cuerpo. A veces lo descubro mirándome y revolviéndose el pelo castaño con aire confundido. No pregunta. Está metido en la cama, y me mira sin hablar, el silencio empieza a pesar en la habitación, suelto la bolsa sobre la mesa que esta junto a la puerta, recargo la espalda y miro desde ahí la imagen muda. Parece una estampa, escena congelada en pausa, sin volumen, la luz ilumina su cara y su torso desnudo.
Se bien a que ha venido. Me gusta el sexo sin complicaciones, apegado a la piel y nada más, no quiero ni saber el nombre de esa cara, me imagino un personaje en blanco, sin historia. Mis amantes han sido bautizados en mi cama, se llaman Lunes , Martes, Miércoles….también he tenido a Marzo, Abril, Mayo… Desde que me acuerdo se me va la ropa fácil. Los besos me dejan la lengua rota. Me gustan las miradas con deseo. Meter la mano dentro de pantalones. No me lío con dramas ni mierdas. Mamá y papá descansan en paz.
Extiende el brazo hacia adelante, y en voz baja casi adivino la palabra en sus labios
-acércate-
Sin ganas, obedezco
-Te he visto en el cementerio, llevo tres días siguiéndote, quiero saber quién eres. Estoy cansado de coger con un fantasma.
No le contesto, desabotono la gabardina y cae a un lado de la cama, me saco la blusa y la falda. Me quedo sin ropa. Es martes. El no me mira. Sale de las sábanas y empieza a vestirse, camina hacia la puerta y yo lo veo como un niño pequeño de la mano de su madre gorda. Me meto en la cama tibia, mañana será otro día, será Miércoles.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009
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