lunes, 12 de octubre de 2009

Cabeza de papel


Hoy te tocan diez minutos
Esta vez ya no tienes más orificios, solo vas a quemarte con tu propia respiración entrecortada.
Tratas de pensar en otra cosa.
Mientras tus dedos juegan con el lápiz que has mordisqueado hasta dejarlo sin goma, como tu mismo, astillado incompleto sin segundas oportunidades. Gotas de sudor mojan tu nuca. Aflojas la corbata, desabrochas un botón, respiras profundo, sueltas el aire. Parece el suspiro cansado de un hombre anciano frente al espejo.
Como cada día desde hace un mes, abres ese cajón del escritorio para sacar la bolsa de papel de estraza y te la colocas en la cabeza.
Hoy es el último día de un programa avanzado en Técnicas de Superación a Miedos Irracionales. Tu jefe te ha regalado el Tomo 56 “ Claustrofobia, sánese usted mismo”.
Treinta personas divididas por mamparas rojas clavadas en su ordenador te comen espacio . El primer día de trabajo corriste con suerte , ocupas un escritorio cerca de la entrada. Tu nombre pegado en la puerta:
Xavier Lexem cubículo 7 delimita tu área de respiro.
Te gusta verte con ese cuerpo de muchacho y cabeza de papel, sin la boca que de pequeño sufrió un beso y te dejó sin aire. Imaginas tus ojos hinchados de miedo en ese espacio con olor a papel que te provocas.
Día a día aumentas el tiempo con la bolsa en la cabeza, sigues las instrucciones: cerrando orificios, desdibujando tu nariz, quitando la sonrisa rectangular. Hoy no tiene mueca, esto te entusiasma.
Ya no aguantas. El papel se pega a tu cara mojada y notas como se acelera tu respiración, jadeas.
Levantas un poco la bolsa para ver el tiempo trascurrido, aun te faltan minutos, aguantas un poco más.
El ruido de la oficina es un murmullo de insectos a lo lejos. Parece que estas bajo el agua, imaginas los pequeños espacios que te rodean. Nombres de tus compañeros, Rubén Salgado cubículo 8. Efrén Montiel cubículo 9... Esperas que solo tengan ojos para sus pantallas. No quieres que lo sepan, que descubran tu cabeza de papel, te ocultas, sobre todo de Lorena.
Lorena García cubículo 13. No la viste enseguida, el olor de su perfume florar a primera hora de la mañana hace que las aletillas de tu nariz vibren pegajosas , fabricas baba espesa, asomas tu lengua saboreándola.
Te sacas la bolsa tragándote el aire que se acerca con olor a Ella.
La ves pasar frente a ti soltándose la coleta y arreglando la correa de su bolso sobre el hombro. Son las seis.
Esta vez no tiras a la basura la prueba final, la última bolsa, cara perfecta de papel sin expresión, está blanda de sudor. Alisándola, le devuelves sus dobleces originales, crees que es más pequeña que ayer. La guardas en el bolsillo de tu chaqueta.
Dejas la oficina. Apuras el paso para entrar con Lorena al elevador, no están solos , un grupo de personas se cuela junto con tu acelerada respiración, el ascensor baja algunos pisos, se detiene, todos salen.
Le sonríes. Ella mira tu cara abriendo los ojos. Desvías la vista hacia el espejo y ves tu rostro brilloso.
Ahora la tienes cerca, llevas días fantaseando con robarle su aliento, succionar el aire de su boca para terminar con tu eterna asfixia. No notas la prisa con la que Ella oprime el botón de planta baja. El elevador da un tirón, se queda parado entre dos pisos. Lorena se pone muy nerviosa, tu tratas de tranquilizarla.
- no te preocupes- le dices, que esto se resuelve. Mírame padezco de claustrofobia y sin embargo he aprendido a dominarme.
Tocas el timbre de alarma. Una chicharra poderosa retumba a lo largo del edificio.
Tu mano tiembla dentro del bolsillo.
Ella se acerca, su perfume te marea, jugo viscoso llena tu boca. El líquido te escurre por la barbilla, tu pulso se acelera tu nuca se moja hinchados los ojos te miras junto a Lorena en el espejo.
Sacas de tu chaqueta la bolsa húmeda y te la enfundas, sabes bien que solo aguantas diez minutos.

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